
Este es el cuento de una oruguita, que todos los días salía radiante de su casita en el árbol donde quedaban escondidos sus secretos y sus más valiosos y preciados tesoros.
Camino a su lugar de trabajo miraba a los caracoles, a los chanchitos de tierra y a las hormigas sobre todo como iban tan rápido a trabajar, veía que ninguna de ellas se dirigía la palabra que todas ellas caminaban en direcciones contrarias se empujaban y gritoneaban. La oruguita al ver su reloj que llevaba en una de sus patitas se dio cuenta de que tenía tiempo de sobra para llegar a la hora a su trabajo, se puso a esperar la próxima cucaracha para llevarla, de pronto escuchó que dos hormigas hablaban y reclamaban porque su vida era una problemática constante, ella sin embargo seguía mirándolas y en su cabeza pensaba -y pensar que hay otros a las que la vida les toca más dura y se quejan por tonteras- .
Derrepente, las dos hormigas se quedaron mirando a la oruguita, quien con una sonrisa les decía –“buenos días señoras hormigas, que tengan el mejor de los días”- las hormigas solo le movieron la cabeza y la oruguita solo sonreía. Cuando tomó su cucaracha para ir a su trabajo saludó muy cortés, sin embargo solo recibió de esta un –“¿dónde la llevo?”- y ella sin más, le responde –“a ser feliz, pero por ahora donde todos debemos ir… al trabajo”- la cucaracha tomó rumbo hasta dejarla donde ella le había dicho.
La vida para la oruguita en el trabajo era totalmente distinta a lo que los demás solían verla, llena de problemas, de peleas, de egos exaltados, pero ella siempre se mantuvo al margen ya que no quería caer y terminar siendo uno de ellos.
Un día la oruguita despertó cansada, agotada y de muy mal humor, se dio cuenta al salir que iba en la misma dirección que los demás bichitos, que al mirar su reloj ya no era la misma hora de la cual ella solía ver, iba mucho más que atrasada, al llegar a su trabajo la oruga a cargo la llamó a que se dirigiera a la oficina, a lo cual la oruguita de muy mala forma fue.
Sus amigos cuchicheaban que había cambiado, que no sabía lo que exactamente le pasaba y poco a poco la fueron dejando de lado, ella también notaba como esos amigos que un día compartieron con ella, la hicieron tremendamente feliz y que con el paso del tiempo se fue dando cuenta de que ya no compartían los mismos gustos ni lo que a ella más le importaba…la alegría que le provocaba al verlos todos los días…
Mientras seguía caminando, mas recuerdos se le iban a la mente, y más triste y de mal humor la ponían, hasta llegar donde la oruga jefe quien mirando por la ventana le dijo,-“es mejor que no sigas aquí, tu comportamiento no ha sido el mejor y qué decir de tu rendimiento, me parece extraño que de una oruga tan trabajólica y feliz, hoy te vea de esta manera, por eso es que he tomado esta decisión, por un tema común y que a todos nos hará bien”-
La oruguita sin más peros en su conversación, se fue rápidamente a su casita en el árbol, miró cada uno de sus recuerdos con lágrimas en sus ojos, cada una de las fotos con sus amigos, y como iban desapareciendo de los cuadros las imágenes de ellos, y así fue como la oruguita no salió más de su casita en el árbol…
Un día, la oruguita despertó sintiendo algo especial en su interior, estaba con las ganas de que el sol volviera a brillar, de volver a sonreír y de volver a ser la oruguita que todo el mundo quería…
(Final incierto)
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